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domingo, 9 de febrero de 2014
Y mientras?
Necesito escribir sobre esto, a ver si así consigo poner algo en claro y tomar una decisión, pero me parece imposible. Las frases se me agolpan y quieren salir todas a la vez, sin sentido ni relación entre ellas, casi a la misma velocidad de vértigo a la que fluyen tantas preguntas en mi cabeza.
Tres días ya dándole vueltas y pensando cuál es la mejor solución para esto. Y ¿cuál es el resultado? Que no tengo ni idea. Tome la decisión que tome sé que me quedan unos meses duros por delante y que nada será igual. El tiempo se nos acaba. Y mientras, ¿qué hacemos?
Duele saber que tengo que despedirme de ti, pero más duele no saber cuándo hacerlo. ¿Ahora? ¿Dejar esto aquí? Quedan dos, tres o a lo sumo cuatro meses para que te vayas. ¿Dejarlo en ese momento? ¿Qué hacemos? Creo que aún no me ha dado tiempo de asimilar lo que implica tomar esta decisión.
¿Puedo estar estos meses sin verte, sabiendo que estás a 20 minutos de mi? ¿Preguntándome cada libranza si estarás aquí o allá? ¿Puedo ir por esa zona sin buscarte inconscientemente en cada azul, en cada uniforme negro? ¿Y si cuando tenga que entrar en abril te encuentro allí?
Y si continuamos esto sé que cada rato que pase contigo lo voy a tachar de la lista de ratos que nos quedan. No va a ser uno más, sino uno menos. Será difícil no venirme abajo cada vez que salga por esa puerta, cada vez que te diga "hasta otro día", porque un día tendré que decirte "adiós". Pero tampoco sé si soy capaz de renunciar a esos ratitos de felicidad que me das...
Maldito CGM!
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miércoles, 24 de octubre de 2012
Dejándolas pasar
Parezco idiota dejando pasar todas las oportunidades que se me van presentando.
No tuve suficiente valor, caradura o como quieras llamarlo para conseguir ese número de teléfono el viernes. Y la cara que se me queda al darme cuenta ayer de que este viernes estaremos los mismos, como si el destino me diera una segunda oportunidad de hacerlo.
Y lo necesito, quizás con eso tenga motivos para olvidar esto que empieza a hacerme daño. Alguien que me aleje un poco de tí, porque yo sola no puedo.
Y no puedo porque no te entiendo, no sé si tu mismo te entiendes. No entiendo lo que pasa por tu mente, por tus ventrículos. Hay días que siento que me necesitas casi tanto como yo a ti. Esos abrazos que me robas en el ascensor, esa insistencia en que pase tanto tiempo contigo, no dejarme ir... ¿Y luego qué? Días enteros que parece que ni siquiera sabes que existo. Hay quien dice que tienes miedo. ¿Miedo? No sé si tener miedo yo de que tú lo tengas.
Ahora tres días por delante con sus correspondientes oportunidades. Quiero aprovecharlas todas, vernos más allá de esa esquina, quitarte el peso que tantos días de esfuerzo ha puesto en tu espalda, abrazarte y cerrar los ojos. Y para empezar tengo que buscar la forma de tener unos minutos contigo esta tarde.
No tuve suficiente valor, caradura o como quieras llamarlo para conseguir ese número de teléfono el viernes. Y la cara que se me queda al darme cuenta ayer de que este viernes estaremos los mismos, como si el destino me diera una segunda oportunidad de hacerlo.
Y lo necesito, quizás con eso tenga motivos para olvidar esto que empieza a hacerme daño. Alguien que me aleje un poco de tí, porque yo sola no puedo.
Y no puedo porque no te entiendo, no sé si tu mismo te entiendes. No entiendo lo que pasa por tu mente, por tus ventrículos. Hay días que siento que me necesitas casi tanto como yo a ti. Esos abrazos que me robas en el ascensor, esa insistencia en que pase tanto tiempo contigo, no dejarme ir... ¿Y luego qué? Días enteros que parece que ni siquiera sabes que existo. Hay quien dice que tienes miedo. ¿Miedo? No sé si tener miedo yo de que tú lo tengas.
Ahora tres días por delante con sus correspondientes oportunidades. Quiero aprovecharlas todas, vernos más allá de esa esquina, quitarte el peso que tantos días de esfuerzo ha puesto en tu espalda, abrazarte y cerrar los ojos. Y para empezar tengo que buscar la forma de tener unos minutos contigo esta tarde.
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